Solidaridad 2

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Un lector:

Supongamos que yo voy en ese tren ¿de verdad me echaría en
cara que, aún mordiéndome los nudillos, no me levantara de mi
asiento?
Posiblemente usted sepa tan bien como yo lo que ocurriría si me
levantase y la emprendiese a leches con los niñatos hijoputas:
maltrato a menores, manifestaciones feminazis por el encarcelamiento de
un macho adulto agresor que ha golpeado a 3 inocentes niñas... En el
mejor de los casos, juicio, gasto en abogados, dudas sobre mi persona.
Insisto: estimo sus buenos sentimientos pero no están los tiempos para
Quijotes.

 

Al escribir el comentario tuve presente, solapadamente, lo que usted me plantea. ¿Sabe?, lo dejé de lado, me planteé qué queda si la tribu a la que perteneces ya no te defiende. Los búfalos, cuando uno de sus miembros es atacado por un depredador se arremolinan entorno a él para amedrentarlo, para que suelte la presa. Si no, de qué me sirve vivir en sociedad. La individualidad está tomando un cariz peligroso, insolidario, despreocupadamente especializado, es decir: «Eso no me corresponde a mí sino a la policía, para eso pago mis impuestos», podría haber añadido perfectamente. Es verdad que el marco jurídico ayuda bien poco, porque además, los bárbaros, también tienen cobertura, pero eso tampoco es inamovible ni debe formar parte de ninguna excusa moral, más bien es una consecuencia de la falta de exigencia del colectivo. Es la pasividad del grupo el que hace crecer a los enemigos del mismo, a los marginales y a los legales.  Pero no es eso, mi querido amigo, no es eso, hay que levantarse del asiento con la esperanza de no ser el único que lo va a hacer, que otros inmediatamente seguirán la iniciativa, la única manera de que la fuerza del grupo se manifieste, no sólo por actitud moral o de injusticia o por espíritu de colmena, sino por supervivencia, porque hoy le ha tocado a ella y otro día me puede tocar a mí, a mis hijos, a los suyos..., y si el grupo no se mueve, algo grave está ocurriendo. Y, mi querido amigo, quizás prefiera poner en peligro mi vida por una persona que tengo ante mí, a pocos pasos, cuando me salpica su sangre y oigo sus gemidos, que, a lo mejor, por una bandera, algo más abstracto, lejano, que no tiene venas por donde corre la sangre y de fácil manipulación por los mandatarios de turno. Esa debería ser la única individualidad de moda, la rebeldía propia que nos mantiene vivos, conscientes de Ser. Son en estos tiempos de relajada conciencia cuando más se necesitan quijotes.

 


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This page contains a single entry by Susana Plandugal published on March 11, 2010 11:01 AM.

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